Como todos los sábados previos al día del niño de mi vida, cierro los ojos y espero que alguien me haya comprado unos Lego.
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sábado, 20 de agosto de 2011
sábado, 13 de agosto de 2011
Ausschlafen
Ultimamente me cuesta salir los viernes a la noche, de hecho suelo estar más cansada que cualquier otro día de la semana y me acuesto bastante más temprano que lo habitual. Como si de repente me diera permiso de otorgarle espacio al cansancio cosmopolita y me relajara en el no hacer nada, sabiendo que el sábado se puede ausschlafen.
Hay algunas palabras en alemán que no tienen traducción, y sus significados son tan precisos, que sería imposible encontrar un equivalente en un idioma más pobre como el español. Ausschlafen significa algo así como "dormir hasta que el cuerpo diga basta, sin poner el reloj", todo eso en una sola palabrita, y ni siquiera quedo conforme con la explicación. Es también el sentimiento de dormir sin culpa y con tranquilidad, pero puesto en un verbo.
La cosa es que los sábados se puede ausschlafen, y no hay nada como estar durmiendo sabiendo que a la mañana se puede ausschlafen. Pero lo bueno del ausschlafen del sábado posterior a un viernes sin salir, a diferencia del de los domingos, es que, habiéndose acostado temprano, el cuerpo dice basta antes del medio día. Es tener una mañana libre sin haber hecho un esfuerzo para despertarse a tiempo. Uno va despegando los párpados gradualmente al propio ritmo, se desayuna a la hora que uno mismo (y no la rutina) decreta, en paz y sin apuros. Es la liviandad de despabilarse con el primer mate.
Y ahí estaba yo, durmiendo placidamente, creo que hasta sonreía. Todo venía fantástico. En mi octavo sueño aparecían una serie de personajes estrambóticos que me tiraban ideas para escribir chistes que hicieran reír a la reina de Inglaterra (lo juro), la almohada estaba en su posición perfecta, la temperatura ambiente era ideal, la luz empezaba a filtrarse de a poco por la persiana americana pero sin molestar, el silencio absoluto, la inmovilidad de las cosas. Alguna inquietud me hizo abrir un ojo, pero sólo comprobé que estaba todo como tenía que estar, y hasta pensé que era perfecto mirar el reloj para gozar el sentimiento de poder dormir varias horas más. Marcaba las 6:40. Sólo quedaba la parte del ausschlafen. Perfecto.
Nada podía salir mal.
Salvo por una cosa.
Haberme olvidado de desactivar el despertador, que, muy macabro, sonó 10 minutos después, como todos los otros putos días.
Y ya no pude volver a dormir, ni ausschlafen, ni nada.
Las ojeras, de por vida.
miércoles, 13 de julio de 2011
Látigo
Cada vez que me sumerjo en el enojo hacia cualquier cosa (que suele ser a la responsabilidad, a mis padres, a los hombres, a mis malas decisiones, a mis pasados, a la sociedad, a la rutina, a la vida, o a mí misma entera entera), mi terapeuta le pega con un látigo al piso.
Sí, con un látigo.
Al piso.
En el sonido del cuero contra las baldozas del consultorio, entiendo que en este contexto no es una forma de castigo, sino una descarga.
Esta semana no hubo sesión.
Si no hay piso, la liga mi espalda.
martes, 12 de julio de 2011
¿Tenés novia?
Estoy harta de preguntar "¿tenés novia?" y que me respondan que sí. Sobre todo cuando es el final de la noche y ya pasaron 4 horas de chamuyo.
No nene, no me acompañes a mi casa, me voy sola. Gracias eh. Chau.
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