martes, 8 de mayo de 2012

El dilema (Tercera parte)

Escenas del capítulo anterior haciendo click acá y acá por órden de aparición.

Por dónde iba?
Ah, la disyunción.
Dejar de ver a G o regalar a la gata.
Les juro que lo pensé mucho, mucho mucho. Y aunque en el fondo la elección era medio obvia, no era una decisión que pudiera tomar así sin mas.
Justo G se iba de vacaciones por quince días. La última noche antes de partir hicimos un esfuerzo para que pudiera quedarse a dormir en mi casa. Él se tomo un antiestamínico y consiguió un chuf chuf para el asma, yo cambié las sábanas y por primera vez la dejé encerrada a Pimienta toda la noche en la terraza. Antes de acostarnos saqué un puf con almohadones al balcón para que estuviera cómoda, saqué sus piedritas, y los platos con agua y comida, y después cerré la ventana. Escuchando la protesta de la gata traté de olvidar la pena y la culpa para poder estar con G, que a su manera ya había protestado lo suficiente y además lo iba a extrañar.
La noche se sucedió en paz, reinaba la calma.
El problema vino a la mañana.
Apenas me desperté corrí al living a abrir la ventana y a abrazar a la Pipi. Cuando salí al balcón todo era un caos, el agua estaba volcada, el plato de comida había desaparecido con comida incluída, los almohadones estaban por cualquier lado, mis cactus todos dados vuelta y la tierra de las plantas esparcida por todo el piso.

Y Pimienta...

Pimienta no estaba.

O sea, no estaba.

Se murió. Entendés, se murió. Dije con un llanto inminente.
Se murió por mi culpa, se volvió loca y se tiró por el balcón, todo por tu asma, la puta madre, cómo hago para vivir con ésto, entendés, se murió, G, se murió, se tiró, por eso no había ruido. Hacé algo la puta que te parió, abrazame, no sé, algo. Se suicidó porque la abandoné, la abandoné, cómo pude, soy una hija de puta.
Pará. Me gritó G mientras yo me ahogaba al borde de un ataque de pánico balanceando mi cuerpo cual autista en pijama. Tiene que estar en algún lado, los gatos no se tiran por el balcón, no son idiotas. Dijo, y se trepó por la parrilla, en calzones, para subir a la terraza de uso común del edificio a ver si estaba. Yo me asomé los siete pisos que me separan de la planta baja por la baranda a ver si el cuerpo de mi gata yacía destrozado en la vereda. Nada por aquí, nada por allá.
G no podía seguir trepando. Bajá de ahí que te vas a matar vos, lo único que me falta, bajá que le pido las llaves de arriba a la vecina.
Le toqué el timbre a mi vecina, que es un amor, enseguida gritó del otro lado de la puerta "Caribe, sos vos? Esperá que estoy con visitas". Qué me importa con quién coge ésta mina los sábados a la mañana, pensé yo, pero cuando abrió estaba con Pimienta en brazos y me dijo "estuvo toda la noche durmiendo en la cama conmigo y con Frankie". Frankie es un perro enorme que mueve la cola cada vez que la ve a Pipi. Pero yo pensé que sólo se quedaban mirando uno a otro a través de las rejas del balcón. Porque los dos balcones están separados por medio metro de precipicio. Bueno, no, parece que no era la primera vez que Pimienta pasaba para su casa, de hecho, iba todos los días mientras yo estaba en la oficina.
Mi gata y su doble vida. Mirá si será turra que me la mandó a guardar. Ah, vos me abandonás? Bueno, yo me voy a dormir a la cama de otra. Tomá.
Me volvió el alma al cuerpo.
A G también. Pobrecito, lo reputié.
Desayunamos y después nos despedimos, antes de irse, G me dijo "no decidas nada hasta que yo vuelva".

G no quería bajo ningún aspecto que yo regalara a la gata, porque me veía feliz, porque no me quería quitar eso, y además decía que yo se lo iba a echar en cara toda la vida, que se iba a cagar nuestra relación porque íbamos a empezar a pelear por cualquier cosa pero que en el fondo íbamos a pelear porque yo no podría perdonar esa concesión. Yo no estaba tan de acuerdo, creía que iba a saber diferenciar, que en cuanto tomara la decisión me iba a hacer cargo.

Durante sus quince días de ausencia yo no iba a tomar medidas, pero sí tenía que decidir qué hacer.
Pedí opiniones, a todos. Lo discutí en los almuerzos del trabajo, en las reuniones de amigas, en las cenas familiares, lo consulté con la almohada, en Twitter y hasta llamé a la radio para hablar con Andy Kusnetzoff en su sección "segunda opinión". Imaginate, la última vez que había llamado a una radio tenía 8 años y fue para pedir un tema de Luis Miguel que quería grabar en un cassette. Hablé con todos, escuché a todos, acepté las palmaditas de resignación en la espalda. Parecía una boludez, pero no lo era. Juntos tratamos de encontrar una solución intermedia, pero yo ya había pensado mil posibilidades, no había nada que hacer.  
Obviamente mi entorno se dividió en dos. 
Estaban los que defendían a G, básicamente porque es una persona y parece que las personas importan más que los gatos. Y también estaban los que defendían a Pimienta, alegando que los gatos duran más que las relaciones sentimentales. 
Los unos decían que la gata era nueva, que distinto hubiera sido si era mi mascota de toda la vida, que para qué tener un animal encerrado en un departamento, que ella no iba a sufrir el cambio si la regalaba, que todavía era chiquita, que yo no iba a tardar en acostumbrarme, que no pasa nada... es sólo un gato... y G es una persona, no tiene sentido ni siquiera plantearse la elección, decían. 
Los otros alegaron que no es sólo un gato, que es la compañía, el amor, un vínculo único, la concreción de un deseo mío, que un gato es parte de una familia aunque la familia esté conformada sólo por uno mismo, que no era bueno cambiarla de lugar porque iba a sufrir mucho, que G podía borrarse en cualquier momento, que ni siquiera era mi novio, que cuánto tiempo más pensaba yo que íbamos a estar juntos, que me replanteara si realmente lo quería y si quería salir con un tipo al que no le gustan los gatos, quedate con Pimienta, decían. Y aunque parecía que estaban haciendo un chiste, porque socialmente no estaría bien visto elegir a un gato por sobre una persona, en el fondo lo decían de verdad.
Había un empate.
Nadie quería estar en mi situación.
Estaba sola, las decisiones se toman en soledad, y yo ya sabía qué tenía que hacer pero no quería afrontarlo.

Ese tiempo que G no estuvo en Buenos Aires la disfruté a Pimienta lo más que pude, la iba a extrañar una barbaridad. Y la dejé hacer lo que ella quisiera, puro quilombo, porque total... quedaban sólo unos días, era la última vez. En su nueva casa habría nuevas reglas.

Finalmente mi terapeuta tenía razón, G me importaba lo suficiente. Lo suficiente como para hacer concesiones. Había llegado ese momento en que algo te pone a prueba y vos te das cuenta del amor. Qué choto que funcionemos así.
-Te quedás con el novio al final? - me preguntó en la siguiente sesión.
-No es mi novio.
-Que, tenés alergia?
-No, miedo. Bastante miedo.
-De ser la novia o de decirle que querés que sean novios?
-De que él no quiera ser mi novio y tener que decirle "pero dejé a mi gata por vos"




Continuará...

Habrá vuelto G de viaje? Se habrá ido la gata a vivir a un nuevo hogar? Y hubo consecuencias? Qué habrá pasado mientras tanto en Ciudad Gótica? Todo eso y mucho más en la próxima entrega de El Dilema.


sábado, 5 de mayo de 2012

La Terraza

Ésta es una canción que le compuse a mi terraza con mucho amor.
Ojalá la anden tarareando mañana mientras se duchan.
Sepan disculpar la calidad del sonido.
Acá todo es hogareño.
Bueno, me voy mientras escuchan porque sino me da vergüencita.
Chau, besis.


La Terraza


En mi casa tengo una terraza
y en la terraza colgué un banderín.
Vení temprano que el sol se nos escapa
corré la bici, tirate por ahí.


En la terraza mate o chocolatada
quizás mi vieja me cocinó un budín.


Si llueve un poco bajo el toldo a rayas
plantas felices que intentan sobrevivir.
Cuando refresca traemos las frazadas
cazá la viola, tocate una de Sui.


En la terraza cerveza o vino en taza
o unas florcitas si venís en abril.


Vidas mareadas de hamacas paraguayas
te leo un cuento que acabo de escribir.
Amaneceres que dejan sin palabras,
dame otro beso y entremos a dormir.


En la terraza el horizonte escasa
pero hay un cielo que no tiene fin.


Por la mañana el sol dará en la cama
cuando despiertes volvemos a salir.
Tururururú


Vení a mi casa, te invito a la terraza
que en la terraza es muy fácil sonreir.


Vení a mi casa que tengo una terraza,
tocame timbre que te bajo a abrir,
en patas.


by Caribe.

martes, 17 de abril de 2012

Caribe al servicio de la comunidad: Fideos

A nadie le gusta tirar comida a la basura, ni guardar sobras de fideos, porque comer fideos recalentados es un asco. Pero cómo hacer para calcular la cantidad exacta que comeremos, si la bolsa da instrucciones en gramos y no tenemos balanza? Bueno, una opción es calcular a ojo, pero mejor que los ojos... las manos.
Nuestras manos son siempre las mismas, nuestro estómago es siempre el mismo. Los fideos se miden en puñados. Es sólo cuestión de encontrar la medida justa y después ir variando según la dimensión del hambre o de los invitados.


Fideos rulito/ moñito: yo suelo comer cuatro puñados  bien gordos y tiro al agua algunos fideos de más.
Fideos penne rigate: cinco puñados bien gordos (la diferencia radica en el aire del medio)
Municiones/ Ave María para sopa: seis puñados no tan gordos para más fideos que caldo ó 4 puñados no tan gordos para más caldo que fideos.




Fideos largos: también se miden en puñados, usando las falanges del dedo gordo como referencia. Yo como la cantidad que entra si apoyo el dedo índice en la articulación del dedo gordo. No varía demasiado según el tipo de fideo.


Éstas medidas tienen un 90% de efectividad, pero cada uno tiene que probar las suyas propias. Para las primeras veces, es recomendable poner los puñados sobre un plato y tratar de imaginar cómo quedaría después de hervidos los fideos.


Otras cosas que aprendí de los fideos preguntando por qué:

Una vez hablé con un señor que es químico y se especializó en gastronomía. Ideal para responder a todas mis preguntas acerca de los fideos. Me encantaría recordar todas sus explicaciones, pero lo cierto es que me las olvidé. Así que yo hago lo que él me dijo, pero no puedo justificarlo.

- Los fideos necesitan ser hervidos en la mayor cantidad de agua posible. Supongo que será para que no queden amontonados, pero la explicación era algo más compleja. Así que no usen la cacerola chiquita aunque cocinen para ustedes solos.
- Hay que agregarle sal al agua porque acentúa el sabor, puede ser fina o gruesa, pero no se pone al principio, sino cuando el agua ya está por hervir. 
- Lo del aceite en el agua para que la pasta no se pegue, es un mito, a lo sumo se le pone una vez servida en el plato. Además es más fácil lavar la olla. Doy fé de que no se pegan.
- Cuando se ponen los fideos en el agua, hay que revolver durante los primeros 30 segundos.
- Se cocina sin tapa y a fuego medio.
- Se sabe cuándo están listos por el color, dejan de tener transparencia. A mi me sigue divirtiendo mirar el reloj y tirar un fideo al azulejo de la cocina para saber si ya está al dente.
- Los fidos largos NO se cortan. No creo que el señor químico haya tenido una explicación para eso, pero en mi casa es sacrilegio.

Bueno, chau, eso fue Caribe al servicio de la comunidad.
Besis.

PD. Hagamos una campaña para que en los menús de los restaurantes haya fotitos de los fideos al lado de sus nombres, así nos aprendemos de una vez por todas la diferencia entre los spaghetti, los tagliatelle, los vermicelli, los pappardelle, los fetuccine, etc, etc, etc.
Igual mirá lo que me encontró el capo de G en Google: un sitio en el que te muestran la geometría de la pasta y un poster (si aprietan arriba de la imagen con el botón derecho y abren el enlace en una pestaña nueva, la van a poder ver de cerca y bien grandota) 



lunes, 16 de abril de 2012

El dilema (Segunda parte)

Escenas del capítulo anterior haciendo click acá

Al principio, Pimienta empezó a adueñarse de todos los espacios. Los primeros días me costó compartir mi casa, la gata me seguía a todos lados y se ocupaba de marcar territorios. Pero después, contenta, me dejé ganar como si fuera una adulta frente a una niña, le dejé sentarse en el bidet mientras yo estaba en el inodoro, la dejé ocupar la mitad de la cama, le convidé de mi comida, le presté mis manos para que las mordiera, sus juguetes siempre desparramados por el living, la casa llena de hojas secas que ella traía de la terraza y después rompía en mil pedacitos inlimpiables, le di atención cada vez que lo demandó y aprendí a dejarla en paz cuando ella quería. Quizás debo admitir que no sabía ni quería ponerle límites.

También ocupó mucho espacio en mi cabeza. Me pasé horas y horas de oficina con culpa por dejarla sola en el departamento y me escapaba en el almuerzo para verla, volví antes de muchos lugares por las ganas de estar con ella, le escribí poesías, le conté a todo el mundo cada cosa nueva que aprendía a hacer la gata como esas madres que no pueden dejar de hablar de sus bebés, la bombardeé a fotos.
Pimienta me hacía feliz de una manera nueva. Creo que yo nunca me había sentido así. De nuevo la sensación del amor incondicional.

Cuando G la conoció, hizo un esfuerzo para superar su apatía hacia los gatos. Le resultó graciosa y linda. Yo suspiré aliviada, sabía que iban a hacerse amigos. 
Le jugó, la mimó. Pero un ratito, después quiso estar conmigo, así, como siempre, solos. Y no estábamos solos, estaba Pipi.

La verdad es que tener sexo con un gato mordiéndonos los pies es extraño. No se puede coger con un gato mirando. Y tampoco se puede hacer cucharita con un gato en el medio, ni dormir con un gato saltando sobre nuestras cabezas durante la madrugada.
La cama no es tuya, es de Pimienta, gritó G enojado una mañana muy temprano, fastidioso porque yo dormía plácidamente y a él Pipi no lo dejaba descansar. Se levantó, le moqueaba la nariz y le picaba la garganta, los ojos, la barba, los brazos, empezó a estornudar.
Se quiso ir a su casa y nos peleamos.
G también necesita marcar territorio.
Yo tenía que delimitar los espacios.

Empecé a pensar en algo que dividiera mi habitación del resto de la casa, porque no tengo puerta, tengo un arco que separa los ambientes. De ese modo cuando quisiera estar con G en el cuarto, Pimienta se podría quedar del otro lado. 
Durante la semana estuve evaluando opciones, viendo cuál sería la más conveniente. Algo que la gata no pudiera trepar, que no llegara hasta el techo así dejaba circular el aire y la calefacción en invierno, algo. Ya se me iba a ocurrir.

La vez siguiente que G vino a casa, la picazón no tardó en volver a aparecerle. Y era cada vez más fuerte. Y después los mocos, los estornudos, los ojos todos rojos y llorosos. No se podía quedar más que un rato.

Alergia declarada.

Intentamos varias veces, siempre era igual o peor. Noches de mierda. Probamos con corticoides. Mejoraba, pero algo no estaba funcionando. La alergia se convirtió en asma. Y no había chuf chuf. G ya no podía dormir en mi cama ni estar cerca de Pimienta, no servía de nada pensar en una división entre los ambientes si el problema estaba en el aire.

G dejó de venir a mi casa, nos veíamos en otros lugares pero obviamente no era lo mismo y tampoco teníamos dónde tener sexo, estar tirados o lo que fuera. 
Él estaba mal, yo estaba mal y Pimienta estaba mal. 
Aprendí que un gato es un ser al que le pasan cosas, tiene humores y entiende lo que sucede alrededor. Pipi se convirtió en el impedimento para poder estar bien con G, y a su vez, G y su asma, el impedimento para poder estar bien con Pipi.
La gata estaba agresiva conmigo.
G estaba irritado conmigo.
Yo me la estaba fumando en pipa.
Había que encontrar una solución.

Existía una solución?

Me rompí la cabeza buscando.

Y entonces sucedió lo inevitable: se me hizo presente la temible disyunción.
O Pimienta ó G.
No quería ni pensarlo.
Pero lo pensé.
Pensé en dejar de ver a G.
Pensé en regalar a Pimienta.

El dilema.

Vivir con un dilema a cuestas.


Continuará...

Se habrá tomado esa decisión? Habrá venido el Chapulín Colorado a ayudarme? 
Todo eso y mucho más en el próximo capítulo de "El dilema", con la participación estelar de Andy Kusnetzoff.

viernes, 13 de abril de 2012

Conchudo

Era el cumpleaños de mi ex novio.
Dudé en saludarlo.
Hace tiempo no hablamos.
Ya no hay nada de qué hablar.
Pero me parecía descortés.
Después de todo yo lo quiero.
Lo quiero porque la relación fue linda.
Creo que él piensa que la relación no fue linda.
O sólo se acuerda de lo feo.
O algo así.
Ya van a ser dos años desde que nos separamos.
Desde entonces él me trata mal.
Como si yo le hubiera cagado la vida.
Una vez le hablé por chat después de mucho tiempo.
Le dije Hola E! 
Me contestó Qué pasa?
Qué conchudo.
Un bloque de hielo.
No sé qué se cree.
Yo no le rompí las bolas.
Nunca quise volver con él.
No le hice nada malo.
A él se le acabó el amor y yo me la banqué.
Así que no sé qué se cree.
Lo eliminé de las redes sociales.
Le deseé una buena vida.
La gente me dice que siempre fue así.
Es mentira, antes lo re querían.
No siempre fue así.
Bueno, un poco sí.
Qué suerte que no me casé con él.
Igual creo que éramos lindos juntos.
La pasamos bien.
La cuestión es que era el cumpleaños.
Y le mandé un mail amigable y conciso.
Porque sino me parecía descortés.
Después de todo yo lo quiero.
Lo quiero porque la relación fue linda.

No respondió.

Me sentí medio boluda.
Eso no se hace.
Flaco, eso no se hace.

Después pensé que quizás se murió de una sobredosis y yo no me enteré.
He ahí el problema.
Siempre quise justificarlo.
Creyendo que "esta vez va a ser distinto".
Pero es un conchudo y punto.
Un conchudo.
Me da vergüenza ajena.

Qué boluda.
Qué pena.

martes, 10 de abril de 2012

El fumigador vs. La chancleta

Mi casa tiene arañas de las gordas. Bien feas y temibles. 
Y como tiene arañas, también tiene telarañas. 
Siempre le pido a Gladys que las saque pero siguen ahí. 
Mi mamá me dijo que Gladys tiene problemas de vista. 
Hace un tiempo me compré un Raid sin olor, pero no sé dónde viven las arañas porque salen cuando yo duermo, así que tiré el veneno en algunos huecos de los que sospecho y también en los lugares donde se dedican a tejer. 
El Raid no tiene olor, es verdad.
Pero parece que las arañas lo olieron, porque empezaron a salir de sus escondites y tuve que matarlas a chancletazos. 
Eso me pasa por vivir sola.
Igual las maté a todas y me sentí contenta.
Eso también me pasa por vivir sola.




Canté victoria, pero a los poquitos días empezaron a aparecer de nuevo las telarañas. 
Si hay telarañas, también hay arañas.


Nunca vino el fumigador, que venga.
El fumigador viene al edificio una vez por mes en horarios en los que yo trabajo.
El portero nos avisa poniendo cartelitos en el ascensor.
Llamé al administrador y que vengan un sábado le dije.
Vinieron un sábado, pero no escuché el timbre porque fue muy temprano a la mañana y estaba durmiendo.
Le pedí al portero que la próxima mi casa fuera la primera en el orden de las fumigaciones.
Le dije si viene puntual llego bien a la oficina, pero sino no.
Como le caigo bien al portero, me hizo el favor.


El fumigador es un hombre entre respetable y ridículo por lo grande y tosco que se ve con el tanque lleno de veneno en la espalda. 
Parecido a un oso hormiguero del futuro y no tenía puesta la máscara.
Cómo hace para aguantar ese olor.
Pero al final el líquido no tenía olor, como el Raid.
Entró y le conté de las arañas, él prometió traer veneno especial la vez que viene.
No le creo que se acuerde.
Fumigó como si hubiera cucarachas, no arañas.
Las arañas no viven en los mismos lugares que las cucarachas.
Yo me daba cuenta, pero lo seguía por la casa sin decir nada.
Pensé él sabe.
En el baño me animé a decirle que hay un agujerito donde un día vi a una.
Tiró veneno ahí, pero cuando se fue vi que había muchos otros agujeritos iguales.
Pensé él no sabe.


Uno cree que las personas que vienen a la casa a arreglar cosas, o algo por el estilo, la tienen clara.
Porque hacen lo que hacen todo el tiempo. 
Pero algunos sólo esperan que les demos directivas.
Yo no sé dar directivas a los fumigadores.
Ni a un plomero, ni al electricista, ni al que instala el cable, ni a ninguno.
A Gladys sí.
A Gladys le hago listitas llenas de directivas y se las dejo en la mesa los días que viene.
Igual se hace la boluda, porque yo le pido que saque las telarañas y no las saca.
Para mi que no tiene problemas de vista y me lo hace a propósito.
Yo nunca la reto, porque no se retar a nadie.
Al fumigador sí.
Porque sigo teniendo arañas.
Me lo crucé en el hall de entrada y le dije que mi chancleta es mejor que él para matar arañas.
Le dije que la próxima traiga un veneno con olor, porque no le creo nada sino.


Ahora no quiero que vuelva porque me da vergüenza.

El dilema (Primera parte)


Un dilema es, por definición, un problema que se puede resolver de dos maneras distintas, pero con la particularidad de que ninguna de las dos soluciones termina por ser totalmente satisfactoria.
A nadie le gustan las decisiones disyuntivas, tener que poner en una balanza tan imaginaria como inexacta cosas que resultan de gran importancia y elegir. Ambas opciones pesan demasiado, es difícil determinar cuál pesa más cuando son de distinta índole y pareciera un casi empate.

Esta es la historia de mi dilema.

Cuando adopté a mi gata, lo primero que pensé al llegar con ella en brazos a mi casa, fue que un día se iba a morir. Puede sonar raro, pero lo hago siempre, con todo. Con todo lo que sé que va a significar algo en mi vida. Pensé que de un modo u otro, iba a llegar un día en que Pimienta ya no iba a estar conmigo, y que seguramente me iba a doler. Busqué en Google la cantidad promedio de tiempo que viven los gatos y calculé la infinidad de cosas que podían pasarme en diez o quince años. Diez o quince años es mucho, faltaba mucho para que se muriera. Entonces me dediqué a amarla, como uno ama a su primera mascota, tan primerizamente torpe y con toda el alma.

Sin embargo la idea de su muerte quedó rondando en mi cabeza. Cada vez, al volver a mi casa, subí en el ascensor rogando que no se hubiera caído por el balcón, que no se hubiera escapado, que no se hubiera atragantado con alguna cosa. Entraba a mi casa con la esperanza de que estuviera parada al lado de la puerta y dijera miau acortándome la angustia, sin embargo siempre dormía, me esperaba durmiendo en paz debajo de la cama. 
Cuando se me fue pasando el temor, porque día tras día la gata estaba ahí y entonces ya no había motivos para creer que no estaría, empecé a ser sigilosa al entrar para no perturbarle el sueño. Era más fuerte que yo, nunca pude aguantarme más de tres segundos antes de gritar HOLA (con voz de boluda y alargando la O) para verla venir corriendo a mi.
Entonces me di cuenta: mi soledad se veía menguada en un simple y rutinario HOLA, decir HOLA al entrar, eso sí que era nuevo, y la Pipi corría a darme besos. Ahora éramos dos, con iguales ganas la una de la otra. Ese día escribí un texto muy cortito acerca del amor incondicional.

En terapia, hablé de lo contenta que estaba. Después de tanto aguantar las reglas anti-mascota de mi mamá, ahora que ya tengo mi casa y tomo las decisiones, tener una gata es como la concreción de un deseo que viene desde siempre, dije. Ahí mi analista me indujo a hablar seriamente por primera vez de ser madre. Me chocó. Después de indagar un rato en el tema, llegué a la conclusión de que antes de ser madre tengo que solucionar un par de cuestiones como hija, todavía soy joven, dije. Además está el tema de conseguir un padre. Eso lo dijo ella, y acto seguido preguntó cómo andaban las cosas con G. La asociación me dio un pequeño escalofrío, evadí, no porque no quisiera hablar de G, sino porque no quería hablar de G como padre, soy muy joven y G es más joven, dije, hablemos del gato mejor.
Silencio.
-A G le gustan los gatos?
-No, pero es mi gato, no el de G
-Pero si el gato está en tu casa G va a estar con el gato
-Sí, pero es mi casa, no su casa
-Pero si un día tienen una casa juntos vas a llevar al gato
-Sí, pero no es mi novio
-Pero qué sería más importante, G o el gato?
-Ay, pero qué pregunta absurda
-Claro, si no es tu novio, qué importa, te quedás con el gato
-Vas a ver que cuando conozca a Pimienta le va a gustar. Es una genia: es afónica y no sabe decir miau entonces dice "geek", juega con cables, duerme adentro de la biblioteca y cuando miro Game of thrones se queda quietita mirando, cuando termina la serie se para y se va, come nueces y pepino agridulce. Es una genia, no puede no gustarle a G, vas a ver.
-Si le gustás vos, le va a gustar tu gata
-Tengo miedo de que se muera
-G?
-No, la gata.


Continuará...


Habrá matado G a la gata? Habrá matado la gata a G?
Todo eso y más, en el próximo capítulo de "El dilema"

jueves, 29 de marzo de 2012

Patas cortas

Gata afónica que no sabe decir Miau pierde la primera de sus vidas cayendo dos pisos por el balcón.


Gata perdida y asustada aprende rápidamente a decir Miau a todo volumen para poder ser rescatada.


Gata sana y salva regresa a su casa y vuelve a ser afónica sin saber decir Miau.


Gata mentirosa.
Te descubrí.

Profesión: caza-bobos



Cada persona que entra a mi casa dice "identidad desnudarse, qué es eso?", yo explico "es de algo que estoy escribiendo, un ayuda-memoria".


A mi más que novelas se me ocurren ideas para películas. Películas infilmables, llenas de diálogo. O sea, novelas. Novelas inescribibles, llenas de imágenes. O sea, películas. Y así, como el cuento de la buena pipa.


Da igual, todas mis ideas mueren siendo ayuda-memorias pegadas en la ventana. Como si no pudiera recordar dos palabras. Dale.
 
Sépanlo, no lo estoy escribiendo.


NO LO ESTOY ESCRIBIENDO.
NO ESCRIBO.


Hoy entró alguien a mi casa y dijo "identidad desnudarse, qué es eso?" y yo expliqué "un caza-bobos".

viernes, 23 de marzo de 2012

Bla

Hay ropa que está maldita.
Cada vez que me la pongo pasa algo malo.
El problema es que es de mi favorita.
Y hoy me la puse.
A sabiendas.
Tenté a a la desgracia.
La desgracia se tentó.
Para cuando empezó el día
ya estaba todo dicho.
Y ahora me siento sin derecho a quejarme.
Por eso hice un gualicho de purificación.
Y ahora me voy a cortar el pelo.
Y dejé por la mitad un libro aburrido.


Se dilatan las pupilas de mi gata.
Creo que quiere decirme algo.
Intenta decir Miau.
Pero no le sale la voz.
Eriza la cola.
Parece un signo de pregunta.
Y entonces recuerdo que el libro aburrido
hablaba de la cola de un gato pareciendo un signo de pregunta.

domingo, 18 de marzo de 2012

Ella es Pimienta



La oscuridad se agazapa en un rincón
y ahí se esconde el gato negro
camuflado en la ausencia.

Luego se relame en silencio
y corre al manto de colores
donde vuelve a ser visible
y me encuentra
para que aunemos soledades.




jueves, 8 de marzo de 2012

What's up


Voy a decir algo. Y presten atención, porque no descubrí la pólvora. Voy a decir algo. Algo que ya sabe todo el mundo, pero no por eso es menos drástico. Y cuando lo lean pretendo que asientan con la cabeza apretando un poco los labios dándome la razón. Aunque a priori pueda parecer que estoy confundida, permítanse una visión más pesimista de la soltería, el chonguismo y el amor, olviden todo lo bueno, dejen a un costado ese lado de la balanza. Porque qué más da, las partes lindas igual pesan más. Voy a decir algo. Voy a soltarlo a la marchanta, para que ustedes hagan lo que quieran con la concientización de esta idea. Déjenme decirles que la reacción más normal sería resignarse a ella. Pero entonces resignémonos juntos, porque necesito apoyo moral. Pataleemos, cerremos los puños con fuerza y pongamos cara de “grrr”, un “grrr” que no sea sexy, y después sigamos con nuestras vidas. Así nomás, como si no hubiera pasado nada.

Bueno.
Ahí va.

LA TECNOLOGÍA ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD DE LA VIDA SENTIMENTAL

Esperaba sentirme mejor después de decirlo, pero al verlo escrito ahora me parece que es peor. Quizás debería haber puesto “La tecnología nos recontra cagó”. Más furia. Que Zuckerberg y todos los de su tipo se vayan un poquito a la mierrrrda. Con muchas erres, más furia.

Digo, las ventajas de la comunicación están a la vista. Todos hablamos de ellas. Pero antes la gente se amaba igual, coqueteaba igual, cogía igual, se separaba igual, se rompían corazones y se encontraba medias naranjas igual. Ahora es lo mismo, pero con más dificultades: cuantas más opciones, más obstáculos.

El Facebook
Seh, claro, yo también cogí gracias al Facebook, quién no. Ya nadie te pide el teléfono, ahora averiguan tu nombre y apellido. Pero, y después? Que si no me agrega, que andar viendo nuevas amistades dudosas, que decidir si publicar una nueva relación o no, que eliminar a los exs, que mirar fotos aparentemente felices de otros tiempos, que comentarle o no comentarle, que malinterpretar actualizaciones de estado, que entrar a ver muros obsesivamente, que por qué no me habla si está conectado, que lo bloqueo porque no quiero que me vea conectada, que publicar cosas a propósito para que las vea, que me chatea eternamente pero llamame la puta madre.
No way.

El Twitter
En Twitter es tan fácil stalkear que da miedo. Eso de te sigo y me seguís es una mentira, si no te sigo puedo ver lo que ponés de todas maneras. Si te elimino porque no quiero enterarme de nada puedo luchar eternamente contra las ganas de mirar un poquito. Y de paso miro otro poquito lo que pone tu ex, o esa con foto de putita que te pone cosas inteligentes. Quién es ese arroba con nombre de fantasía que merodea por sus menciones? Por lo menos en Facebook la gente da la cara. Acá somos todos bananas en 140 caracteres y DMs de coger.
A ver, nos enteramos de cada puto restaurante en el que el otro hizo check in. Oh my God!

El sms
Pff, de ésta no se salva nadie, se extinguieron los especímenes que no usaban celular. Podés decidir no engancharte en las redes sociales, pero los mensajes de texto están siempre ahí. Y le mandás uno re tierno y no te contesta, pero es que nena, no era un mensaje que requiriera respuesta, no importa, vos poneme una cara feliz. Le mandás uno para verse y responde dos días después. Qué tenés flaco, un delay cerebral? No me vengas con que estabas ocupado porque no te creo nada. Ves, me re equivoqué, no te debería haber mandado nada, mejor la próxima te llamo. O no, espero que me llames vos.
No me escribas con faltas de ortografía que me vuelvo loca y no te hablo nunca más.
No quiero una conversación por sms, si querés charlar llamame, o mandame un texto conciso. Discutir por mensaje de texto, en qué nos convertimos? Y qué quiso decir, no es lo mismo si la coma está acá que si hubiera estado acá, o acá. Le cambia el sentido, no entiendo si me estás hablando buena o mala onda. Textos que llegan a horas no adecuadas. Mensajes que se escriben, se borran, se vuelven a escribir distinto, se borran de nuevo, mejor no lo mando. Que si no llega, o no tengo crédito, o me estás rompiendo las bolas. Hay que saber medir silencios y palabras. Pura estrategia.

Estamos todos cansados de ser estrategas o soy sólo yo? Díganme ahora, porque sino debería cambiar de analista. Acá estamos todos en la misma, los solteros, los chongos, los novios, los casados.
Da o no da? Lo llamo, le escribo, le chateo, le mando un mensaje privado? Da o no da? Te parece que le ponga esto o es demasiado? Mirá lo que me puso. No quiero estar disponible todo el día, estoy laburando, no entendés? Aparecé porfi, que te extraño y no quiero ser una pesada. 

O no sé, banquémonos las distancias y establezcamos las reglas, seamos más sinceros, si te rompo las bolas decime, si no me querés ver decime, si me amás decime, si no sabés qué decir, decime.

Decime, decime, 

pero cuando nos veamos.


Yo creo que tanto palabrerío escrito nos quita la voz, decimos todo pero no decimos nada. Vamos tanteando. Antes las palabras tenían otro peso, quizás porque se ponía en juego el cuerpo y la exposición arengaba a mostrarnos desde la verdad más que desde el wannabe.
  
Si vamos a sufrir, elijamos otro tipo de melodrama.
Si vamos a disfrutar, elijamos sonrisas que no queden encerradas en un emoticon.

Pensalo.
Yo lo pienso.

Igual, no importa, si nos resignamos juntos, al menos proponeme casamiento por whatsapp.

domingo, 26 de febrero de 2012

Ying Yang


El calor es insoportable al sol, la brisa no logra neutralizarlo. Me corro a la sombra y el viento torna necesario un abrigo que no tengo. No hay punto medio, la histeria climática.

Acomodo la silla justo en el límite y me siento. La mitad de mi cuerpo al sol, la otra a la sombra. El juego de luz me convierte en una especie de ying yang viviente. Pienso en el equilibrio, en la distribución proporcional de la felicidad y la melancolía.

Es una pugna.


El tiempo sucede, pronto quedo fuera del alcance del sol.
Me abrazo a mi misma para subsanar la victoria del frío.
Me abrazo a mi misma para aliviar el triunfo de la tristeza.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Nubes

Vemos de lejos una hamaca paraguaya balanceándose


Fundido a negro


Primer plano de rostro de mujer con ojos cerrados


Mujer con ojos cerrados recostada en hamaca paraguaya balanceándose al sol


Sol siendo tapado por nubes
Mujer recostada abre los ojos
Nubes siendo nubes
Nubes siendo miradas por mujer recostada
Nube oscura con forma de chancho enojado
Chancho enojado con sombrero de copa
Chancho perplejo con cuernos de toro
Toro con cuernos torcidos saltando
Toro sin cuernos engorda
Toro con cuerpo de zeppelin
Zeppelin con turbinas
Zeppelin con turbinas atacado por escopeta
Soquete al lado de florero
Soquete al lado de obelisco
Soquete agarrado por una mano
Pieza de tetris psicodélico
Hombre rezando arrodillado
Casa con chimenea y tejado
Ballena sin cola
Ballena con cola de caballo
Ballena con pico de tucán y cola de caballo
Círculo deforme y banana pelada por la mitad
Círculo más deforme con pene
Rostro de mujer narigona sin pera
Mariposa se acerca a rostro de mujer narigona
Mariposa convirtiéndose en monstruo
Monstruo come nariz de mujer narigona
Huevo frito en sartén sin mango
Nube con forma de mancha
Mancha más grande
Mancha despedazada


Mujer recostada en hamaca paraguaya se adormece


Nube con forma de algo
Nubes con forma de nubes
Nubes siendo nubes
Nubes siendo una sola nube inmensa y uniforme
Oscuridad


Mujer recostada en hamaca paraguaya duerme
Mujer sueña sin saber que está soñando


Lluvia
Lluvia


Interferencia
Ruido blanco


Hamaca paraguaya balanceándose sin mujer
La cámara busca a la mujer
Se agranda el plano
Vemos que ya no hay nubes ni mujer soñando
Es de noche
Y después ya no vemos nada


Sentimos la lluvia sobre el cuerpo 

Salvo los budistas


Mi mamá es MILF.
MILF.
MILF significa Mother I Like To Fuck.
Hablando en criollo, está buena y tiene más de 50.
“Sos un re buen partido a futuro” me dijo G cuando la vio de lejos.
Y no fue el primero.
Más bien lo dijeron todos.
Mi mamá sabe que ella es MILF,
pero se confunde y dice “milfi” quitándole toda gracia.
Es una promesa a mi genética,
es como ver el devenir de mi propio cuerpo.
La gente asegura que yo soy igual a ella.
Pero nadie asegura que vaya a ser como ella siempre.
Lo cual sería mejor que ser igual a mi viejo.
Mi viejo no es un porvenir tranquilizante.
Y eso que estaba re fuerte.
Hace como tres décadas.
El problema es que no se cuida.
Soy igual a él también.
Un ADN justo el mío.
Mitad y mitad.
Lo mejor y lo peor de cada uno.
Salvo por la chuequera.
De eso ninguno se hace cargo.

El asunto es que da igual.
Que mi mamá sea MILF y mi papá gordo, da igual.
Da igual porque de todos modos voy a tener que cuidar de sus decadencias mientras me suceda lo propio.
Nadie se salva de la decadencia.
Salvo los budistas.

Nosotros somos judíos.

domingo, 12 de febrero de 2012

Loop

A los trece, después del colegio, los jueves me iba a la casa de mi papá. Pasaban tres horas hasta que llegaba alguien. Tres horas de soledad para elegir un cd al azar entre los miles de la colección, y tirarme boca arriba en el piso del living a escucharlo detenidamente. Ponía el disco, y si me gustaba, lo repetía una y otra vez hasta aprenderme las canciones de memoria mientras tomaba coca cola.
Ese día lo supe al tener la cajita del cd entre las manos, ahí había algo.
Play.
Era tan distinto. 
La voz hipnótica, las palabras que no comprendí, la guitarra. Para cuando empezó el solo al final del segundo tema, cerré los ojos y sentí cómo todo junto me volaba la cabeza.

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G se acaba de quedar dormido. Bajo el volumen para no despertarlo.
Otra vez la guitarra en la misma parte de Cementerio Club y cierro los ojos.

Escucho Artaud por milésima primera vez, como si nunca hubiera parado de sonar.
El Flaco es esa sensación.

No puedo llorar pero quisiera.

jueves, 9 de febrero de 2012

Casi casi

Pensar en un ex novio no es necesariamente extrañarlo.
Es evocarlo.
Porque hay muchas cosas cotidianas que lo traen a la mente sin querer.
Hace un tiempo me di cuenta:
E ya no se me aparece todos los días.
Ya no me acuerdo más de su teléfono
ni de para qué lado tenía torcida la nariz.


Pero casi casi.
Te juro que casi.
Casi casi.
Cuando menos me lo esperaba.
Estaba discutiendo con G
y casi casi le digo E.